Entonces allí me tienen, llegué algo temprano (el salón se veía un poco vacío), pedí un café (¡ya puedo beber café!), me encontré con Anubis (mi “embalsamamiento” fue el tema de conversación), creí ver pasar a Ganesha (parece que sólo imaginé), y después de un rato vi entrar a Brunilda e Hilda con alguien a quien no conocía, en seguida me presentaron a Freyra, su hermana mayor y buena conversadora.
Mientras comíamos postres, platicábamos de todo y de nada, fue cuando me percaté que Mista no llegó con ellas, Hilda nos contó que fue a un retiro espiritual (seguramente para aplicar Feng Shui en una bolsa de mano ;) ), pero volvería a tiempo para la boda… ¿boda? ¿cuál boda?, pregunté impresionada. Me enteré que las reuniones del Panteón se han vuelto muy populares y que ahora pueden encontrarse más deidades de las que se pensó en un principio. Mista, la más activa en esto de las convivencias, conoció a la Unicornio Rosa Invisible, quien nos invitó (sí, a mi también) a una boda pastafari, ¡por el Ojo de Horus!, ¿adoran a la pasta?, pregunté impresionada (una vez más). Aquella noche no obtuve muchos detalles, las Valquirias tenían tantas dudas como yo.
El día de la boda Mista nos presentó con un montón de gente, según ella, personas importantes en la Iglesia Pastafari, aseveración que comprobamos cuando inició la ceremonia y el mismísimo Flying Spaghetti Monster se presentó para oficiar la unión. Wow!, nunca vi una fiesta como esta, llena de piratas y buenas intenciones.
Mi sorpresa continuó cuando el Monstruo de Spaghetti y la Unicornio Rosa Invisible llegaron a nuestra mesa, hablamos y conocí muchos detalles del pastafarismo de primera mano primer apéndice tallarinesco. El Monstruo (que de monstruo no tiene nada, lo que pasa es que está formado por pasta al dente: firme por fuera, suave por dentro) nos explicó como fue que hizo el mundo, sobre el capitán Mosey, porque permitió que dos de sus “mandamientos” se perdieran y no, a pesar de nuestra insistencia no quiso revelarnos su nombre, pero sí nos recomendó adquirir el Evangelio Pastafari.
Aunque la Unicornio Rosa Invisible es algo reservada (dicen que es pareja del Monstruo de Spaghetti, pero eso sólo tómenlo como chisme) nos contó que ella es la responsable de que los calcetines pierdan su par, vaya, y yo creyendo que dentro de la lavadora había una puerta ínter dimensional.
En fin, muy divertido todo, hubo cerveza, pasta, albóndigas, pizza (sólo hawaiana, nada de champiñones, y yo digo Ramén, también detesto los champiñones).
Y así, en un (largo) fin de semana, obtuve mi recompensa por acatar las instrucciones del médico, supe que, aunque no parezca, hay quienes se acuerdan de mí y aprendí que existen religiones que se unen por la hilaridad (sin afán de ofender a nadie).
Creo que todos deberíamos buscar una religión con la que nos sintamos contentos, y respetar la que los otros escogieron (aún si se decidieron por ninguna), después de todo, todos buscamos casi lo mismo, y ese casi no debería ser razón para discriminaciones, agresiones o guerras.
En la fotografía: Bastet recibiendo la bendición de su tallarinesca deidad, Flying Spaghetti Monster y junto a Él, la Unicornio Rosa Invisible.
PD1. Mista, sabes que todo lo que digo y escribo es con cariño y respeto.
PD2 Mista, gracias por acordarte de mí.
PD3 La palabra secreta de este post es paréntesis.