lunes, 8 de febrero de 2010

Oops!, el mundo terninó

Últimamente, más que nunca he escuchado mucho sobre el fin del mundo, las profecías, los mayas y el 2012.

Particularmente no creo que el Apocalipsis exista, no como el suceso en el que el mundo deja de existir; creo, por ejemplo, que los humanos como especie podríamos extinguirnos circunstancialmente por la falta de recursos para nuestro sustento o por un cambio climático al que no podamos adaptarnos (posible aunque poco probable).

Sin embargo, si el fin del mundo llegara me gustaría que fuera un accidente, un acontecimiento donde alguien diga ‘oops’ y al momento siguiente cero mundo o adiós humanos, que para el caso es lo mismo.

Me refiero a algo así como que el profesor Utonio experimenta con la sustancia X, la mezcla con dulces y flores pero al finalizar en vez de tomar la probeta marcada con “muchos colores” accidentalmente usa la que dice “malévola sustancia Y”, entonces en su laboratorio se oye oops luego kaboom y así terminó la historia humana. O imaginen las instalaciones donde está el colisionador de hadrones, los científicos que allí trabajan escriben comandos en sus súper computadoras para hacer que los hadrones colisionen; uno de estos científicos al estar limpiando su teclado de migajas de galleta escribe en su terminal "@[=g3,8d]\&fbb=-q]/hk%fg" pero al presionar back space para borrar este error casual, zooop, no entramos al mundo cibernético sino que un enorme hoyo negro termina con la existencia del planeta.

Quiero decir que si el mundo va a terminar por cuestiones humanas me gustaría que no fuera por odios, resentimientos, guerras frías, biológicas, nucleares o químicas ni por holocaustos. Me gustaría que todo terminara un día cualquiera sin que nadie se lo espere, sin que nadie sienta más temor, dolor o desesperanza de la que ya tiene por vivir donde le tocó vivir.